
Casi tengo treinta años, poco mas de veintinueve
y se me acaba el aliento.
Quizás, como un susurro, es mentira este dolor
de no haber visto resquicios,
de creer que lo adulto me hizo mas y mas niño.
Quizás peco de orgulloso
o de estúpido payaso egoísta y triste.
(¡que miedo dan los payasos, reflejos de miedos latentes!).
Tan lejanas quedan las fantasías
que a los años vividos, la vida escribe epitafios
a través del tiempo muerto .
Finitud de horizontes rotos.
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