
Larga espera tras los adoquines
conforman mi paseo.
Límite que no conoce límites,
pasos perennes en el andar
que como la vida misma
no tienen fín.
Bares, tiendas y turistas
pasan entre espejos tintados de disfraces
también otros caminan,
más silenciosos
y callan porvenires negros en sonrisas...
Y yo,
sigo mi paseo distraído
por la luna de mis pecados
tan presentes en esta noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario