Alzo mi cabeza al infinito
y escudriño los pájaros lentos
en aleteos toscos y dubitativos.
Bandadas de ellos recorren el cielo
sin rumbo fijo
sin mirar atrás
sin huir de nada
solo del movimiento del aire
que se escapa entre sus plumas.
Toda la ciudad se resiente
con batir de alas agónico
de un vida pasajera
escapada entre las nubes.
Miro indiferente
el espacio vacío en el territorio
invadido por los sudores del verano
como un frío lento.
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